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Sin embargo, en muchas ocasiones, la solución a conflictos que hoy vivimos radica en el cuidado y formación que pongamos a nuestra alma. Las cosas más profundas del ser humano, como son sus sentimientos, actitudes, intenciones, reacciones, emanan de su corazón; de ninguna otra parte. Si esto es lo que conduce nuestro actuar, ¿porqué no le prestamos más atención, o al menos, igual atención que a ser personas instruidas académicamente hablando? Podemos ver cómo algunas personas, ante acontecimientos difíciles, dolorosos, incluso injustos, pueden elegir ser mejores ó peores seres humanos. La respuesta está en lo que tienen en su corazón: amor u odio; generosidad o egoísmo. Como ejemplo, pensemos en alguien que recibe una calumnia, y que en lugar de ir y ofender al agresor, decide perdonarlo: esa persona ha crecido como tal; esa persona es ya un mejor ser humano. El mundo nos ofrece muchas salidas fáciles ante acontecimientos difíciles: la ira, el egoísmo, la inseguridad, la venganza, la depresión, la ansiedad, el orgullo, el miedo. Tenemos que decidir ser valientes y lograr que no sea el egoísmo quien reine en nuestro corazón, sino una auténtica búsqueda del bien. Cuántos conflictos podrían resolverse si nos atreviéramos a tener una sobre dosis de humildad diaria, si nos “mordiéramos la lengua”, y decidiéramos perdonar, aceptar con justicia, amar en verdad. ¿Cómo podemos formar nuestro corazón?
Nuestra boca habla de lo que está lleno nuestro corazón. Cuántos hombres y mujeres han llegado a ser héroes porque decidieron transformar primero su interior, y con su corazón, lograron cambiar grandes realidades que parecían imposibles de vencer. Como ejemplo recordemos a Juan Pablo II y a la Madre Teresa de Calcuta. Vale la pena ponerle atención a nuestro corazón. No lo desatendamos…los resultados de tenerlo bien cuidado y formado serán para toda la vida.Reciban un cordial saludo, Carlos Otero |