Julio 2006

Muy estimados lectores:

En esta ocasión me gustaría reflexionar junto con ustedes acerca de la época de intensa turbulencia que estamos viviendo en nuestro país y en el mundo, refiriéndome en particular a la guerra que esta sucediendo en medio oriente, en Líbano; a la época de cambios políticos en nuestro país, a los tiempos polémicos de fraudes y mafias en el deporte europeo; y no pararía de contar la gran cantidad de malas noticias que aparecen diariamente en nuestros periódicos y en los noticieros televisivos y de radio. Todos ellos, muchas veces, van apagando la llama de esperanza de nuestra sociedad y del mundo.

Contrario a estos tiempos llenos de adversidades encontramos también, una gran cantidad de señales de esperanza, de luz, de cambio, de sueños…; y para muestra basta mencionar todos aquellos jóvenes y niños que hoy terminan un año escolar, muchos de ellos gracias al “Programa de Apadrinamiento Mano Amiga” del que ustedes forman parte. La gran mayoría de los alumnos de nuestros colegios Mano Amiga siguen perseverando en este camino de lucha por continuar sus estudios, algunos incluso a nivel profesional, buscando la más alta calidad y excelencia educativa.

Es gratificante asistir a las graduaciones de los Colegios Mano Amiga y observar las caras de satisfacción de los papás y familiares; en particular de los niños y jóvenes que ven realizado el sueño de terminar un año escolar más, con las dificultades humanas y materiales, que a lo mejor no hubiesen deseado, pero que finalmente logran convertir en aprendizaje. Es gratificante verlos convencidos de que la educación es la base de cambio en un país como México; todo esto gracias al gran trabajo de sus maestros y profesores que diariamente inculcan la semilla de la superación y del desarrollo integral en cada uno de ellos y en sus familias.

Como anécdota: hace unas cuantas semanas, me topé con una jovencita que colabora de manera voluntaria, en las actividades de formación de niñas en uno de los colegios Mano Amiga y en una casa hogar. Ella acudió a la Fundación para encontrar la forma de realizar su sueño de estudiar la carrera de medicina en la Universidad Anáhuac. Esta jovencita, con limitados recursos económicos, acudía con gran pena y desconfianza a buscar que un grupo de personas la pudieran apoyar para realizar su sueño. Muchas personas pueden pensar que lo mejor que puede hacer un joven que no tiene los medios económicos para estudiar, es limitarse a salir a la calle a trabajar; rompiendo así sus sueños, sus ideales y la apuesta de que a través de la educación pueden mejorar y cambiar su vida.

Puede parecer que son más lo que piensan negativamente y que no creen que el cambio y la transformación es posible, sin embargo esta joven ha alcanzado la beca que le permitirá estudiar, con el 100% de sus estudios cubiertos, la carrera de medicina en la Universidad Anáhuac y por tanto podrá cumplir su sueño de ser doctora para salvar más vidas. Esa es una realidad.

En nuestros colegios Mano Amiga, conocemos diariamente a una gran cantidad de niños, jóvenes y adultos que luchan por poder perseverar hasta ver logrados sus estudios. Estos “luchadores” son aquellas personas a las que en esta carta quisiera reconocer, junto con ustedes, por la labor y el esfuerzo que hacen por alcanzar sus ideales y sus metas. Reconocerlos porque son concientes de que para ello, no se debe perjudicar ni dañar la dignidad de ninguna persona a su alrededor y mucho menos su dignidad y orgullo propio. Es de aplaudir la labor de los cientos de alumnos que hoy en día egresan de nuestros colegios Mano Amiga en busca de un porvenir que los haga ser hombres y mujeres de valor para la comunidad donde viven, para su sociedad y para México.

Espero profundamente que esta carta les motive y anime a cada uno de ustedes lectores a mantener el espíritu de lucha; que aprendamos del ejemplo de esta jovencita; todo con la intención de seguir en este proceso de crecimiento y aprendizaje que nos permite entender la cultura de la solidaridad entre nuestras familias y la sociedad en general. Este es el camino para sembrar una sociedad justa, en la que el espíritu que prevalezca, sea siempre el de vencer al mal con el bien.

Gracias a todos y saludos.

Carlos Otero
Director General Ejecutivo